sábado, 16 de mayo de 2026
16 de mayo de 2026
jueves, 11 de diciembre de 2025
Ozymandias (Percy Shelley)
martes, 20 de septiembre de 2022
Las noches de los sábados
jueves, 15 de mayo de 2014
Laberintos
martes, 15 de octubre de 2013
Un mero caribeño
Dirá Borges también que algunos países fueron injustos con él. España, que lo consideraba un indiano, “un mero caribeño”; y Argentina, que lo vio como “un mulato” al que ni siquiera le dio una cátedra universitaria, designándolo apenas profesor adjunto de un hombre de menor valía. Era un aristócrata en su tierra, y un literato que dejó una obra notable. Pero no solamente el autor de "Luna de enfrente" lo valoró aquí. Hubo otro encuentro una noche de Buenos Aires. Una conferencia semidesierta de don Pedro en la “Casa del Pueblo”. Dos jóvenes que llegan tarde e inadvertidos de que en la sala no hay más que un puñado de personas -contándolos a ellos- Dos jóvenes poetas, que esperan la salida del profesor y lo siguen varias cuadras sin animarse a saludarlo. Finalmente lo hacen y entran los tres a un café de la avenida Callao. Allí se habla de literatura. De Ibsen y Tolstoi, autores objeto de la conferencia. Al risueño decir de Borges el profesor lo había leído todo, y estos dos muchachos pueden dar fe de ello. Apenas habían publicado alguna cosa y sin embargo el maestro los conocía. Debe ser excitante hablar de literatura con alguien que lo leyó todo. Uno de los jóvenes quiere saber sobre personajes semitas en la literatura inglesa. El otro le preguntó por López Velarde, el poeta mexicano, si lo había conocido.
“El bar en esos momentos tenía una sonoridad de piso deshabitado. El mozo vino a llevarse los cafés intactos, después de echarnos una mirada homicida. La madrugada empezaba a desvestirse en la calle”
Cierra el bar y uno de los muchachos, emocionado, le da a Henríquez un beso en cada mejilla. Ya se van el profesor por un lado y los jóvenes por el otro.
- ¿Qué te pareció?
- Un santo. ¿Y a vos?
- Un héroe
Uno de los jóvenes era José Sebastián Tallon, el precursor de la poesía infantil en Argentina y además –no sé si en una suerte de oximoron, ironía o redundancia- boxeador. El otro, Israel Zeitlin, más conocido como César Tiempo, el verdadero cronista de este relato y al que hubiera querido darle un beso en cada mejilla. Gracias a don César, puedo bajar por un rato a Pedro Henríquez Ureña del cenotafio borgeano y devolverlo a las calles de Buenos Aires como un mero caribeño tímido, magistral, lector de Todo.
BIBLIOGRAFIA
“El sueño de Pedro Henríquez Ureña” está en “El oro de los tigres” de Jorge Luis Borges (Emecé, 1.972)
La opinión de Borges sobre el autor dominicano se encuentran en “En diálogo” De Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari, Edición definitiva (SXXI, 2.005)
“Con Pedro Henríquez Ureña" se encuentra en “Mi tío Scholem Aleijem y otros parientes”, de César Tiempo (Corregidor, 1.978)
sábado, 24 de agosto de 2013
Borges y yo
Ese viejito que sale por la tele es Borges. Sonríe con timidez cuando le hablan de su obra y se entusiasma con una etimología o si le preguntan por Stevenson. Hay infinitos Borges posibles: el que leo en el libro verde de mi padre que parece una Biblia, ese de los cuentos ilusorios, matemáticos, cabalísticos. Es el Borges de la enciclopedia, con universos en forma de biblioteca. Hay muchos Borges: el poeta de los extremos de su vida, oculto detrás del cuentista magistral. El director ciego de la biblioteca; el criticado por sus ideas políticas (“las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras”); el criticón que junto a Bioy es implacable con la mayoría de los escritores contemporáneos (“en el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos, las páginas que merecen ser releídas. Schopenhauer aconsejaba que, por no exponernos al azar, sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años”)
Pretender una clasificación de Borges es imposible, ya que como la clasificación de cualquier universo, sería “arbitraria y conjetural. La razón es muy simple. No sabemos qué cosa es el universo” (ni tampoco qué es Borges)
Todos los Borges son de mi agrado, incluso los de sus aspectos más hostiles. Me queda la deuda de haber merodeado la calle Maipú, la Galería del Este, sin haberme atrevido a encontrarlo.
Hoy, de modo arbitrario y conjetural, elijo el Borges joven, el de Fervor de Buenos Aires, supongo que porque al alejarnos cada día del país de la infancia no hacemos otra cosa que acercarnos a sus confines. ¡Feliz cumpleaños, Borges!
Un patio
Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.
Las fotos son de Sara Facio
viernes, 26 de julio de 2013
Bulnes 1.480
jueves, 31 de enero de 2013
Un mundo sin ellos
La música que agrego es la que se escuchaba en la extraña isla del Sr. Morel.
sábado, 26 de mayo de 2012
No leer a Borges
sábado, 25 de febrero de 2012
Ella
Hasta al más taura
Lo achica
El puñal
De una traición
En Palermo
O en Barracas
No hay duelo
Donde ella
Pierda
domingo, 12 de febrero de 2012
Menárdez (III)
Quién más que yo
ansiaba decir
Que todo terminó?
Y sin embargo
Vos has sido
La que dijo adiós
martes, 17 de enero de 2012
La vida, una maldita cosa detrás de la otra (por Julian Barnes)
En 1971 Borges vino a Oxford, obviamente para recibir un título honorario. En ese momento yo estaba trabajando en el Oxford English Dictionary y, por la noche, Borges ofreció algo que no puede llamarse, exactamente, una conferencia o una lectura o un seminario, sino una suerte de audiencia papal informal. Yo ya había estado frente a otros escritores "a veces bastante famosos", pero, por lo general, no me habían impresionado. Más bien, me habían parecido actores que simulaban haber escrito las palabras que estaban pronunciando, pero no había sido así parecían estar vendiéndose de alguna manera. Borges era totalmente diferente. Al finalizar el encuentro, pensé: si esto es ser un escritor, vale la pena serlo. |
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Las rosas
martes, 8 de noviembre de 2011
Haydée Lange y Georgie de barba

Estuve muy enamorado de Haydée Lange, la hermana de Norah (JLB)
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Amor vendrá (de Pedro Menárdez)
Amor vendrá; mientras se quede
de todo hará placer.
Cuando se vaya
Nada será más que recuerdo.
viernes, 22 de julio de 2011
Amor se fue (de Macedonio Fernández)
de todo hizo placer.
Cuando se fue
nada quedó que no doliera.
sábado, 16 de julio de 2011
La hiena de Carrington
![[LeonoraCarrington.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgYxhJ5_Uhx7sxcNNFk-ikh79jtdn-byO_xmEyrQn5Io6Pk8Ubzr4RklUWyMKzalT5Xt2WXowsm6lkJWkY7shfb7FIp9mM6rafLIZkvL2IcXv8XVQDqHxp5lL2q4tITdTPf6XRfnZfvFiY/s1600/LeonoraCarrington.jpg)
La hiena sabe francés y sueña con arrancar caras humanas para convertirlas en caretas. Leonora conoce el idioma de las hienas pero detesta los bailes de presentación. Y convence a la hiena para que la suplante. A su vez, la hiena convence a Leonora de que necesita una cara careta humana para disfrazarse de Leonora; le propone matar a la criada con tal fin. Leonora acepta porque en verdad detesta los bailes de presentación, siempre y cuando la hiena mate a la criada antes de arrancarle la cara y no al revés. El plan es urdido con devoción frente a la jaula de la hiena. Leonora ya está abriendo la jaula; el taxi bordea el zoológico y llegará justo a la puerta para que ellas lo detengan. Ninguna de las dos vio al ciego que estaba frente a la jaula del tigre y que las escuchó sonriente, con su falsa mirada dirigida a un punto indefinido. Ya sabemos que el oído de los ciegos es como la vista de los sordos. El maravillado ciego no piensa denunciarle a nadie lo escuchado, apenas trata de descubrir si lo que percibió es un extraño sueño, o la simple realidad. El asunto no lo desvela: si es un sueño podrá describirlo sin necesidad de alteraciones y pequeñas trampas que la realidad sí precisa. Es que la eficacia de un cuento realista como tal vez sea este dependerá de que logre despistar a zoólogos y expertos en bailes de debutantes.
viernes, 17 de junio de 2011
Macedoniana
Me encontré con mi amigo Macedonio y le pregunté en qué andaba. Me contestó que no estaba escribiendo el Quijote y le dije si no le preocupaba que su autor, Pierre Menard, se ofuscara al enterarse.
- ¿Por qué lo haría, Marcelo? Menard se propuso escribir el Quijote mejor que Cervantes, y lo logró. En cambio, yo me dedico a no escribir la historia de Alonso Quijano y mi éxito, aunque evidente, es paralelo al de un Menard, un Daneri, o un Paladión. Por no agotarme con la monumental tarea voy alternando su acometimiento con la no escritura de Moby Dick, lo cual conlleva un homenaje implícito a Bartleby, aquel sujeto que sea lo que fuere que le propusieran, prefería no hacerlo.
Le pregunté si para no escribir esas obras universales previamente se tomaba el trabajo de leerlas. Me dijo que desde luego, y que era cierto lo que un amigo solía decir de él: “no ha leído mucho, pero lo poco que ha leído, lo ha leído mucho” En cambio las novelas modernas las no escribía sin leerlas previamente.
- Total, es literatura para el olvido. ¿Para qué perder tiempo leyéndolas? ¡Si pareciera que no soy el primer autor que las va a no escribir!
Ya me despedía de Macedonio cuando me soltó el desafío. Me invitaba formalmente a su casa, el sábado por la mañana, a los efectos de no escribir juntos "La importancia de llamarse Ernesto"
Dedicado a Ana María Rivera, borgeana y macedoniana
domingo, 12 de junio de 2011
Menárdez (II)
martes, 8 de marzo de 2011
Menárdez y el regreso
"y divisé la hondura
los naipes de colores del poniente
y sentí Buenos Aires.
Esta ciudad que yo creí mi pasado
Es mi porvenir, mi presente;
Los años que he vivido en Europa son ilusorios,
Yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires”
Menárdez no vivió en Europa. Ni en otra ciudad. Ni en otro barrio. Sin embargo camina por las calles de Palermo como la primera vez. Sobrevivir lo mantuvo ajeno, ausente, olvidado. Ya no. Viene con ganas de tomar los naipes de colores del poniente (ese que permanece, milagrosamente) y apostarlo todo, aunque no tenga nada; de una ginebra en la esquina de Guatemala y Borges. De caminar Palermo con ella.
Ella, la que aún no llegó.











